Hay una pregunta que me hago cada vez que abro un manuscrito (se entiende que es un archivo) original por primera vez: ¿este primer párrafo sabe lo que está haciendo?
Más precisamente si tiene conciencia de su propio poder. El primer párrafo es un umbral.
Como todo umbral, su función es arquitectónica.
Decide si el lector entra o se queda afuera.
Pensalo de esta forma
Un primer párrafo eficaz hace, al menos, una de estas tres tareas:
Instala una voz. El lector todavía no sabe de qué va la historia, pero ya sabe quién le está hablando. Esa voz tiene peso, tiene temperatura, tiene una manera particular de ver el mundo. Eso debe ser suficiente para seguir leyendo.
Abre una tensión. Basta con una pregunta implícita que el texto todavía no responde. Alguna situación levemente desbalanceada, que pida resolución.
Coloca sin explicar. Los mejores primeros párrafos ubican al lector en un mundo sin detenerse a describirlo. Muestran a alguien cerrando el abrigo antes de salir, y ya sabemos todo.
Una prueba sencilla: leé tu primer párrafo y preguntate qué pierde el lector si se lo saltea. Si tu respuesta es “no pasa nada”, esa es la señal para reescribirlo.
Pero, Dámaris, ¿por qué tanta insistencia en reescribir? Siempre nos hacés laburar… bueno, chicos, es así. Hay que hacer todo con tiempo, si no dedicás tiempo no hay avance ni textos de calidad. Todos pueden escribir un libro medio pelo, pero uno con decisiones pensadas y a propósito, solo los dispuestos a salir de su comodidad que trae el sofá de la IA.
Desde tu biblioteca
Buscá un libro que te haya atrapado desde la primera página. Leé ese párrafo con estas preguntas en mente: ¿qué está haciendo exactamente? ¿Instala una voz, abre una tensión, sitúa sin explicar? ¿Las tres cosas a la vez? ¿Por qué no lo dejé?
La pregunta del escritor
¿Cuántas veces está permitido reescribir el primer párrafo?
Todas las que haga falta. Aunque hay un momento en que reescribirlo deja de ser trabajo y se convierte en postergación. Ese momento llega cuando el resto del texto ya está maduro y el primer párrafo todavía no lo sabe. Escribí el libro. Después volvé al umbral.
Esta semana, leé tu primer párrafo como si fuera de otro. Con esa distancia, preguntate: ¿me invita a entrar?
Hasta la próxima.
Dámaris Pettersson
Editora y correctora literaria
www.eudokiaeditorial.com.ar